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12
Dic

4 cosas que me sorprendieron de enseñar inglés en Perú

Antes de llegar a Perú, no tenía idea de qué podía esperar al enseñar inglés en el pequeño pueblo de Huanchaco. Sabía que diferiría del trabajo que había hecho en los Estados Unidos, pero lo que implicarían esas diferencias seguía siendo desconocido.

Habiendo estudiado educación e impartido clases a varios grados en diferentes escuelas, me sentí relativamente preparada para ser voluntaria en el proyecto HELP Inglés de Otra Cosa. Sin embargo, esta sensación fue rápidamente cuestionada y puesta a prueba al comenzar mis clases en la Escuela de Educación Primaria “María del Socorro”. A pesar de mis experiencias anteriores, ciertos aspectos de la enseñanza en Huanchaco me sorprendieron, ¡y aquí están cuatro de ellos!

 

La innegable necesidad de ser flexible y una mentalidad abierta: ya sea por una fiesta de cumpleaños, una huelga, un partido de fútbol importante o por un motivo no declarado, con frecuencia las clases se cancelan o se postergan.. Estos cambios imprevistos requieren que los profesores de inglés ajusten constantemente planes y actividades de clase. Si bien a veces esto es frustrante, también hace que cada semana sea emocionante y llena de sorpresas.

La tarea inesperada de enseñar a más de 200 estudiantes: antes de ser voluntaria en Huanchaco,30 fue el número máximo de niños a los que había enseñando a la misma vez. Enseñar más de ocho aulas diferentes, en tres grados distintos ha sido un GRAN ajuste. Me costó más de los 200 nombres (y honestamente aún no los he dominado todos) y hacer un seguimiento de lo que cada clase tenía que hacer. Conforme pasaron las semanas, sin embargo, me adapté y aprendí las ventajas de tener tantos estudiantes. Por ejemplo, si una lección no fue demasiado bien, podía ajustar el plan y volver a intentarlo con el siguiente grupo.

La lentitud con que se desarrolla el inglés de los estudiantes (¡y aceptando que esto está bien!) –Al trabaja con tantos niños, solamente podía estar cada una de mis clases durante aproximadamente 2 horas a la semana. Lo cual, no es mucho tiempo para que los jóvenes estudiantes pudieran practicar sus habilidades de inglés. Con frecuencia, necesitaba revisar y repetir temas, e incluso entonces era posible que los alumnos no captasen el conocimiento que intentaba enseñarles. Aunque el progreso era lento, he aprendido a valorar los pequeños logros, como por ejemplo que un alumno de primer grado recuerde una de algunas de las palabras de vocabulario en inglés semanas después de enseñarlas.

La alegría que cientos de pequeños abrazos pueden brindarme: todos los días era recibida con entusiasmo y cálidos abrazos de estudiantes que me llenaban de felicidad. A menudo los niños me abrazaban uno a uno; pero otras veces, las clases optaban por un abrazo grupal masivo (que frecuentemente terminaba en que alguien cayera al suelo). Los estudiantes realmente disfrutan el hecho de tener voluntarios de inglés, y estos abrazos sirven como un recordatorio constante de la importancia de nuestro trabajo.

¡Así que ahí lo tienen, cuatro cosas que me sorprendieron sobre la enseñanza en Perú! Aunque el trabajo ha estado lleno de desafíos, estoy agradecida por la oportunidad de enseñar, aprender; y, por supuesto, divertirme con todos mis estudiantes enérgicos, adorables y curiosos.

Este blog fue escrito por Elisa Sipols.

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