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06
Feb

Mi vida en Huanchaco

El día que llegué a Huanchaco, estaba llena de emoción, no podía creer que estuviera allí.

Antes de venir, mis padres, abuelos y amigos cercanos me aconsejaron varias veces de cuidarme, de estar segura y de saber en dónde estaban mis pertenencias en todo momento. Esto de alguna manera, creó un miedo en mi cabeza sobre la gente en Perú. No quería entrar en esta aventura con grandes expectativas, y quería ir con la mente y el corazón abierto, así que intente que las palabras de mi familia no me molestaran y no arruinaran mi experiencia. Después de vivir aquí por casi tres meses, me enamoré de la gente y de este lugar. La comunidad me recibió con los brazos abiertos. La primera semana aquí conocí a un hombre que no sabía inglés y aunque no sabía mucho español, me llevó por el mercado local y me enseñó cómo se llama cada fruta y verdura, y hasta me compró un poco. Esto automáticamente me mostró la bondad de las personas con la que estaba viviendo.

A medida que me iba sintiendo más comoda en mi nueva casa en ‘el extranjero’, me sentí cada vez más confiada hablando con los lugareños. Aprendí sobre sus vidas, sus esperanzas y deseos, algunos tan simples como querer una buena comida. Algo que he notado al hablar con los ellos, es que son pacientes cuando trato de comunicarme  y nunca se enojan o se ponen  groseros. Los conserjes de la escuela donde trabajo  son muy amables aunque no sepan quién soy. Siempre me hacen preguntas sobre mi vida diaria, por ejemplo: lo que como en casa, lo que me gusta hacer los fines de semana, dónde vivo o el clima. Me siento halagada de que quieran conocerme, aunque a veces no sé lo que dicen.

Son las pequeñas cosas acerca de la comunidad local, como si los conserjes siempre quisieran hablar conmigo para que mi día sea mejor. Perú me sorprendió con su autentica belleza y su nobleza. Casi al final de mi viaje de diez semanas, me pongo nostálgica al mirar hacia atrás y ver todas las sonrisas y risas que compartí con la gente de aquí. Extrañaré los abrazos y besos diarios de mis alumnos  y ver el brillante sol naranja en el océano mientras los surfistas atrapan las últimas olas del día. Donde quiera que fuera, pude aprender algo de todas las personas, ya sea un hombre de 70 años o un estudiante de 12 años.

Perú me mostró un nuevo lado de la vida que siempre recordaré. Hay algo mágico en Huanchaco y tuve la suerte de experimentarlo el tiempo que estuve aquí.

Perú realmente ha tocado mi corazón y siempre será parte de mí, esté donde esté.

 

 

Este blog fue escrito por Maddie Hofele.

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