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Reflexionando sobre el buen tiempo que pasé en Huanchaco

Andrew and his pupils
16
Ago

Reflexionando sobre el buen tiempo que pasé en Huanchaco

Lo primero que recuerdo de Albert es que era increíblemente viejo. En 1950, después de que el presidente Estadounidense Harry S. Truman, enviara tropas a Corea, Albert dejó la granja de sus padres en el estado de Nueva York. Abandonó su servicio militar obligatorio y a todos los que amaba, vagó hacia el sur hasta llegar un día a Perú. Tenía 19 años cuando emprendió esa expedición. No ha mirado hacia atrás desde aquel entonces.

Lo segundo que recuerdo sobre Albert: Él está cien por ciento seguro de que los extraterrestres están tramando el deceso de la humanidad; y, Huanchaco es uno de los pocos refugios seguros de la tierra ante el inminente ataque.

Nuestros caminos se cruzaron en mayo, mi primer mes en este maravilloso país y un par de años antes de su cumpleaños número noventa. Había caminado hasta la playa, pasando por el muelle y muchos restaurantes, esquivando a los ambulantes y transeúntes; y me senté en la arena junto a un trío de Caballitos de Totora. Las olas se hincharon más grandes de lo que había visto, alcanzaron sus puntos más altos y se estrellaron enfrente de mi. El sol comenzó su descenso final bajo el brillante horizonte. Un perro callejero orinó junto a mi pierna.

Estaba inspeccionando mis zapatos para revisar cualquier salpicadura no deseada; cuando, alguien tocó mi espalda. Levanté la vista de mis zapatillas (en su mayoría) limpias para ver una larga barba blanca; marcas de la edad que punteaban una cabeza calva como pepperoni encima de una pizza; una figura alta y delgada; y, una sonrisa que podía aliviar la mente de cualquier viajero cansado. Se ajustó su camisa descolorida y sus pantalones moteados de pintura y me preguntó si podía unirme. Dije que sí.

Albert se presentó mientras se sentaba con las piernas cruzadas. Después de compartir nuestras historias el uno con el otro; y, meditar sobre la posibilidad de la vida extraterrestre, comenzó a educarme sobre mi nuevo entorno.

Algunos de los consejos que me ofreció:

“Haz lo que sea necesario para salir de tu zona de confort. Tú no llegaste a un hemisferio diferente para ser normal.”

“No comas mariscos que cuesten 10 soles o menos.”

“Dale una oportunidad a la zampoña, te va a gustar.”

“Que no te importe lo que la gente piense en tu casa sobre tu decisión de venir aquí.”

“Si una mujer de aquí, quiere casarse contigo después de tres noches juntas; es probable que; pero no definitivo, te use para llegar a Norteamérica.”

Y así.

La luz desapareció rápidamente y él hablaba; pues, le pregunté a Albert por qué los marcianos indignados perdonarían a Huanchaco – un pequeño pueblo de pescadores poco conocido, ubicado frente al Pacífico – de todos los lugares.

Hizo una pausa por un par de segundos para pensar; luego, adoptó un tono más serio.

“Hay algo diferente en esta ciudad; y, tu experiencia aquí te cambiará de maneras que aún no puedes entender”, dijo mientras miraba hacia el mar turbio. “Podría tratar de explicártelo; pero, las palabras no serían suficientes. Tendrás que verlo por ti mismo.”

Luego, soltó un profundo suspiro, se levantó y se alejó sin despedirse.

————

Ahora que estoy cerca de la marca de “100 días en Huanchaco”, he decidido hacer un balance sobre mi tiempo en el extranjero, lo que he aprendido, lo que he contribuido, lo que he sentido. Naturalmente, las ultimas palabras misteriosas de Albert están chocando alrededor de mi mente mientras desabrocho pensamientos en esta página.

Es seguro decir que he aprendido mucho. De hecho, – y con esto no pretendo ser hiperbólico – he absorbido información más útil durante mi breve estancia en La Libertad, que en los últimos dos años juntos.

He aprendido a ser una persona con poco estrés; que, como mis padres atestiguan, es un desarrollo significativo. También es crucial; ya que, la vida en Perú se mueve mucho más lentamente que en Occidente. En Estados Unidos, a menudo creía que si llegaba a tiempo; era tarde, y que cada error sería catastrófico. Tal mentalidad volvería loco a Huanchaco; así que, me adapté. He dejado de preocuparme por lo que está fuera de mi control; he dejado de culparme por errores minúsculos. Como resultado, la ansiedad omnipresente que solía atormentarme ha sido arrastrada en su mayoría.

También, he aprendido mucho acerca de lo que sucede fuera de mi “burbuja” norteamericana. Los peruanos han mostrado una manera atenta y diferente de abordar la vida cotidiana; y, aunque no todo su estilo de vida ha resonado, me ha enseñado a concentrarme más en el presente y en la constelación de placeres simples que conforman el aquí y ahora.

Los voluntarios también han ayudado en ese sentido. Debido a la gran variedad de personas que se unen a Otra Cosa Network (OCN), cada día transcurre con una variedad de naciones. Cualquier comida se puede comer junto a españoles y surcoreanos, finlandeses y franceses, polacos y portugueses; de los cuales, todos pueden abrir su mente a nuevas ideas y perspectivas. Los rostros cambian frecuentemente; el tamaño de nuestro grupo se eleva y disminuye como la marea; pero, la diversidad y calidad de aquellos que se dedican a OCN, permanece constante.

Más importante aún, he aprendido sobre las luchas que muchos sufren en América Latina. Una cosa es leer acerca de estadísticas dolorosas o visitar una comunidad desafectada por 10 días para construir una casa; es totalmente diferente integrarse a una comunidad como esta. Hacer esto me ha dado una amplia conciencia de los problemas generalizados y sistemáticos que afectan gran parte de nuestro mundo. Estos problemas, como diría cualquier persona que trabaja para una ONG, deben ser examinados de una manera íntima para ser plenamente comprendidos.

Aún estoy aprendiendo todos los días; pero ya no doy por hecho que hay acceso al agua potable, ni la disponibilidad de educación confiable, ni la suerte que tengo de estar bien de salud. Ya no puedo justificar quejarme de las adversidades que enfrento. Ya no juzgo o critico a los demás antes de considerar lo que podrían estar pasando.

Estoy particularmente consciente de esto cuando estoy en el aula.

Desde que llegué a Perú, he participado en el proyecto HELP Inglés, principalmente como maestro de 4°, 5° y 6° grado de primaria en el colegio María del Socorro. Decir que ha sido un reto sería un eufemismo. Yo, junto con unos – siempre cambiantes – maestros, somos responsables de más de 200 estudiantes. No, eso no es un error tipográfico.

Debido a que la mayoría de nosotros no tenemos títulos en educación (y porque los recursos aquí son limitados) he tenido que modificar mis expectativas originales. Me gustaría pensar que estoy ayudando a cada niño con cada clase, como cualquier otro lo haría. Tal vez, eso es un poco ingenuo, pero creo que es la actitud correcta. Sin embargo, estoy seguro de que estoy guiando a aquellos que quieren aprender y de asegurarme que todos los estudiantes tengan el conocimiento fundamental para dar un siguiente paso en su aprendizaje de inglés cuando lleguen a la escuela secundaria.

No es el esfuerzo más glamoroso; pero, es gratificante – y vital.

Como con cualquier trabajo sin fine de lucro, ese sentimiento de orgullo no se siente a diario. Probablemente, no se siente en la mayoría de los días, si soy honesto. Pero, de vez en cuando, incluso durante las semanas difíciles, hay momentos que me recuerdan el porqué estoy aquí; y, porque la presencia de Otra Cosa es crucial. Podría ser tan pequeño como un niño de 9 años de edad, que se enorgullece cuando ve una buena nota en su examen; y, puedo ser tan grande como una clase entera que se anima cuando entramos por la puerta.

Sin lugar a dudas, observar el progreso de mis estudiantes es uno de los mejores sentimientos que he disfrutado de Perú; y, hay un montón de contendientes para el primer lugar.

Recientemente alguien me preguntó cuál era mi momento favorito de Huanchaco, y la respuesta fue fácil. Ocurrió en un jueves ordinario en un escenario en un escenario ordinario durante un caso nada especial; ya que, esos momentos tienden a suceder. Acababa de terminar una tarde exitosa en la escuela (los estudiantes de sexto grado habían arrasado con sus traducciones verbales); y, me esperaba una cena de ceviche… Cuando entré en la casa de voluntarios y puse mi bolso, me di cuenta de que me sentía genuinamente feliz, más feliz que cualquier otro punto que pudiera recordar. Me sentí bien con mi trabajo, con los niños, mi vida social y mi ambiente. Todo parecía estar viniendo junto; así que, saqué un bloc de notas y grabé esa instantánea, y decidí hacer lo mismo por todas mis instantáneas dignas de mención en América del Sur, para preservarlas como un ámbar literario.

Esta noche, al revisar por todos ellos, estoy sorprendido por el gran número de palabras que escribí.

La noche en la playa con amigos, compartiendo nuestros mayores temores y ambiciones, mientras las palmeras susurraban y se mecíanSurfear sobre una onda sin cuidado con el cielo anaranjado ardiente en el fondo. Bailando salsa en Janpix con un mojito en la mano.

Está la caminata a la orilla del mar, donde, entre sedanes antiguos de Chevy, paredes de ladrillo descoloridas; y, los pescadores que usan sólo ganchos, cebo y cuerdas, se siente como si estuviese suspendido en el tiempo por un largo tiempo.

Están las vistas alucinantes mientras caminamos por los Andes. Los contornos descoloridos de la playa cuando la energía se apaga en una tarde fresca. La estudiante se rehúsa a dejar de abrazarme cuando es hora de irse.

Andrew en los Andes

Entre éstos recuerdos, hay naturalmente, algunos momentos no tan fantásticos: intoxicación alimentaria, una clase que se niega a tranquilizarse cuando es hora de aprender los pronombres, las despedidas de las personas a quienes crecía cerca deben partir. Yo, normalmente he sido de los que reprimen mirar hacia atrás; pero, en Huanchaco, me veo obligado a reflexionar sobre ellos. Mi viaje merece ser recordado con todo. Con sus intervalos aburridos y todas sus imperfecciones. Ese pensamiento ha sido, quizás más que cualquier otra cosa; me recuerda lo valiosa que ha sido esta aventura.

Mirando mis notas de nuevo, está claro que la mayoría de éstas existen gracias a los que me rodean, lo que lo lleva a un punto significativo: este pedazo delgado de América del Sur, no es diferente debido a sus playas, comida o a su ambiente relajado, puedes encontrar todo eso en innumerables ubicaciones en todo el mundo; más bien, es la gente que reside en Huanchaco junto con los que gravitan aquí, que lo hacen único.

Es una madre local la que sólo conoce este lugar; y, aunque solo enfrenta una gran cantidad de dificultades, es eternamente optimista; y, pacientemente te explicará porqué debes sentir lo mismo. Es el jubilado escocés quién es torturado por los arrepentimientos; pero, en los últimos años ha encontrado consuelo al abrirse sobre sus errores a personas quienes lo escucharán. Es el voluntario de Otra Cosa de un país tan similar y tan diferente al tuyo, cuyo panorama altera tu curso en una manera minúscula pero integral. Es un estudiante que se ilumina cuando te ve al otro lado de la calle y te grita frenéticamente: ¡Maestro!, ¡Maestro!, mientras se agita y salta en el aire.

De hecho, éstas personas me han convertido en alguien mejor que volverá a los Estados Unidos. Un hombre más compasivo, motivado y educado. Estoy agradecido a ellos, a este pueblo y a Otra Cosa por un don tan extraordinario.

Ningún viaje de voluntariado es el mismo; pero, estoy seguro que, si te unes a nosotros – ya sea durante un mes o un año, ya sea que trabajes en la rampa de skate, o en una escuela local –, evolucionarás hacia una mejor versión de ti mismo. Lo que seas capaz de devolver será pagado en grandes cantidades.

Así que, abraza la incertidumbre de todo. Sumerjate en éste hábitat inusual. Aprovecha una oportunidad tan rara y valiosa. Y, si te encuentras con un anciano cojeando, con barba de Gandalf y una cabeza lo suficientemente brillante como para reflejar la luna, dile que tenía razón.

Sobre este viaje, me cambió, eso es. Pero, si él termina teniendo razón sobre los alienígenas, también, por lo menos estás en el lugar correcto.

Este blog era escrito por Andrew H.

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